Jugamos a “¿Tú te acuerdas…?”

No es un juego de mesa ni aparece en los catálogos de juguetes navideños. No lo busques en plataformas online porque no lo encontrarás. El juego de “¿y tú te acuerdas?” es un juego que hemos inventado mi hija Aitana y yo y al que nos encanta jugar. Surgió una noche de forma casual tras su primer viaje a Egipto justo antes de cumplir los 2 años. Me encanta viajar con ella y enseñarle el mundo pese a su corta edad.

Hay gente que cree que no merece la pena viajar a sitios lejanos o exóticos con niños pequeños porque no lo recordarán, yo creo que sí merece la pena. Sé que olvidará gran parte de los detalles del viaje pese a que las fotografías y los vídeos la ayudarán a recordar algo. Pero por mucho que me gustan las fotografías hay cosas que una lente no logra captar. Por eso Aitana y yo empezamos a hablar de cosas de nuestros viajes por las noches antes de dormir. Ella me pide que yo le cuente cosas que hemos vivido juntas, las rememoramos y después le toca el turno a ella de contarme algo que recuerde. Lo llamamos el juego de “¿Tú te acuerdas?” Porque comienza justamente así…

Ejemplo:

Aitana: “Mami, ¿tú te acuerdas del señor que canta en Egipto?”
Yo: “Sí, cariño, es el muecín, que canta para llamar a que la gente vaya a rezar a la mezquita”
A: “Y vive en una torre”
Y: “Es el minarete de la mezquita”
A: “Sí, el minarete. Y canta Alá uakbar (como le suena a ella)”
Y: “Significa Dios es grande, y la gente lo repite”
A: “Y se oye desde todas partes, también estaba en Luxor. Hay muchos señores que cantan en Egipto, ¿verdad mamá? pero no da susto”

A:”¿y tú te acuerdas de las pirámides?”
Y: “Sí, son tumbas de faraones. Están hechas de piedra y son muy grandes, ¿te acuerdas? Entramos en varias. Ibas colgada en la mochila de papá, él iba agachado porque el pasillo es muy bajito y yo iba detrás”
A: “Y estaba oscuro, pero yo no tenía miedo porque las pirámides no dan miedo. Las momias son buenas, ¿verdad, mamá?”
Y: “Sí, no hay que tener miedo, las momias no hacen nada”
A: “No, claro que no. Porque las momias están tumbadas así, con los pies juntos, los brazos cruzados y los ojos cerrados. Están durmiendo”

Y:”¿y tú te acuerdas de los camellos?
A: “¡Qué marranos, se hacían pipí y caca por la calle! Y teníamos que mirar al suelo y tener cuidado para no chafar una caca, ¿verdad mamá? ¡Qué marranos! Y los caballos también hacían pipí y caca en el suelo y hacía mucha peste”
Y: “Sí”
A: “Y las pitas (=palomas) se comían la caca de los caballos y los camellos”

Y:”¿y te acuerdas de Anubis?”
A: “El perrito que cuida a las momias. ¿Cómo era mamá?”
Y: “Podía ser una persona con cabeza de perro negro o un perro negro entero”
A: “Sí, y seguro eu también hace guau guau y mueve la cola cuando está contento, ¿verdad mamá?”

A: “¿Y te acuerdas de Tutankhamon?”
Y: “Sí, estuvimos en su tumba, que tenía monos pintados en una pared. Esos monos cuidaban el sol para que pudiera salir por la mañana”
A: “Sí, y a Tutankhamon, porque se cayó de un carro, le pisó un caballo, se hizo mucha pupa, se murió y lo hicieron momia”
Y: “Vimos a Tutankhamon en su tumba, allí está la momia, ¿te acuerdas?”
A: “Sí, pero… ¿y sus bebés momia dónde están mamá? No quiero que estén solitos”

Y: “¿Y tú te acuerdas de que estuvimos en un museo muy grande en El Cairo?”
A: “Y había momias y estatuas de egipcios sin zapatos ni calcetines. Y no tenían pantalones, llevan faldilla ¿verdad mamá?”

Y así podemos pasarnos horas, pero en algún momento hay que cortar si no quiero que se acueste a horas intempestivas. Me encanta su inocencia, ver las cosas que más le han llamado la atención, darme cuenta cuando le explico algo de si ella lo recuerda o no y ver cómo cambia su cara cuando mis palabras traen a su pequeña cabecita recuerdos vividos y estos despiertan otros y estos otros más.

Nuestro infantil juego es una excelente práctica de memoria, que exige concentración, amplía el vocabulario, ayuda a poner en orden cronológico sucesos pasados, establece las pautas para un diálogo adulto, requiere de un gran esfuerzo para expresar y hacer entender ideas que están en su cabeza al interlocutor, crean un bonito vínculo entre madre-hija y lo mejor de todo… surge de forma espontánea, por su propia voluntad y sirve para practicar todo lo explicado sin darte cuenta. Por todo eso y mucho más me encanta este juego que se ha convertido en una tradición de muchas noches antes de dormir. ¿Que si merece la pena viajar con niños? Sólo por vivir momentos así ya lo vale con creces. Prueba a jugar con tus hijos y verás.